¿QUIÉN ES EL PROFESOR?
Normalmente, cuando te convocan a un curso de mejora de gestión en tu empresa, esperas abrir la puerta del aula y encontrar un profesor con un Power Point, preparado para ir disparando sus 200 transparencias a lo largo de las horas del curso. Una perspectiva poco alentadora.
Sin embargo, hoy es diferente. Abres la puerta y encuentras ocho mesas distribuidas a lo largo del aula, con todo tipo de material sobre ellas: lápices de colores, billetes, tijeras, tableros con fichas, hojas con cálculos presupuestarios, ruedas y engranajes, un cronómetro…. Tu misión es construir un parque de atracciones. Y tus principales dificultades te sonarán conocidas: falta de comunicación entre los equipos, objetivos dispares, la presión del tiempo, cambios inesperados, “silos” de información… Seis horas más tarde, has conseguido no sólo superarlas, sino descubrir que las mejoras de gestión en tu trabajo diario pueden basarse en los mismos principios aprendidos en el parque de atracciones. Y lo mejor es que seguirás recordándolo meses más tarde.
Desde hace años, la formación experiencial se destaca como la forma más eficiente de transmitir conocimientos, y de aumentar el grado de retención a lo largo del tiempo. Cada vez más, la creatividad y la capacidad de resolver problemas de forma ágil se convierten en valores esenciales en cualquier puesto de trabajo. Las simulaciones de negocio y los talleres experienciales desplazan el peso de la formación desde el profesor al alumno: en lugar de un receptor pasivo, el alumno es el impulsor de su propio proceso formativo, y debe “descubrir” los conceptos básicos de la formación por sí mismo. El profesor se convierte en un acompañante de este proceso de descubrimiento, ayudando a interpretar y relacionar lo sucedido con el mundo real.
Numerosos estudios demuestran que los índices de retención de este tipo de formación son mucho mayores de lo habitual, y ése es el objetivo principal de las inversiones en formación: que lo aprendido se recuerde y pueda aplicarse.
Índices de retención según tipo de formación (fuente: NTL Institute)

Los testimonios de los participantes son abrumadoramente positivos; sin embargo, en España sólo las grandes corporaciones parecen apostar de forma continua por este tipo de experiencia. ¿Por qué? ¿Miedo a lo desconocido? ¿Reticencias a introducir experiencias excesivamente novedosas? También las empresas medianas deben mantenerse en el límite de la innovación, no sólo en sus productos sino en sus procesos internos de gestión de recursos.
El disponer de talento y mantenerlo permanentemente activo dentro de la empresa es más que nunca una necesidad para cualquier empresa, por lo que los métodos clásicos de formación están condenados a desaparecer. Es necesario proponer acciones formativas que supongan un reto y un estímulo para los participantes, y que les proporcionen una experiencia memorable. Este tipo de acciones no suponen un mayor coste ni tiempo, y las primeras empresas que apuesten por innovar en su formación serán las que obtengan una diferenciación mayor. Además, el valor motivador de estas experiencias entre los asistentes es mucho más alto, generándose una gran expectativa dentro de la empresa. ¿Cuándo fue la última vez que tenías una cola de voluntarios deseando asistir a un curso interno?
Sin embargo, para que una sesión de formación experiencial sea realmente efectiva debe cumplir con una serie de requisitos. En primer lugar, el responsable de la sesión debe conocer exactamente los objetivos que se persiguen, el entorno y los asistentes a la misma, para poder adecuar el contenido de la sesión. Los participantes deben acudir con la mente abierta y con ganas de absorber, y según los expertos la formación debe estructurarse en cuatro pasos:
Experiencia – manos a la obra con una actividad concreta Observación – ¿qué ha ocurrido? Interpretación abstracta de lo sucedido Experimentación de lo aprendido en la actividad profesional| Tweet |
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