La calidad en la formación: ¿es tan buena como debería ser?

Hace pocos días vino a mi cabeza la pregunta de uno de los asistentes a nuestros cursos: “cual es el secreto para que la formación sea interesante y amena?” En principio esta pregunta puede parecer a la vez fácil y difícil de contestar, ya que parece que en esta época a las personas no les interesa mucho la calidad de un curso, medido en qué tanto pueden aprender y qué tan agradable o gratificante puede ser la experiencia.

Al parecer, el nivel formativo de los cursos “no reglados” ha decrecido enormemente en los últimos años. Incluso me atrevería a decir que en la enseñanza “formal” el nivel ha alcanzado mínimos históricos y quienes son los directamente beneficiados por los mismos, esto es, los estudiantes, la empresa y la misma sociedad, parecen no darse cuenta de la magnitud del problema. Se enseña por cumplir y se estudia para aprobar, no para aprender. Desde este mismo momento, estamos construyendo las bases para relaciones laborales basadas en la desconfianza, en el miedo (al no saber qué hacer en un determinado puesto de trabajo o qué se espera de nosotros), que finalmente redundan en improductividad y insatisfacción.

¿Qué hacer? Podemos dar varios pasos: entender y ser sinceros a la hora de elegir una determinada formación, conociendo nuestras verdaderas motivaciones para estar ahí: ¿quiero “escaquearme” del trabajo o más bien ampliar mis conocimientos para hacer mejor aquello por lo que me pagan?, exigir enseñanza de calidad: si el formador está allí mirando el reloj y poco le interesan las opiniones o situación particular de sus alumnos, las alarmas deberían encenderse. ¿Seguimos contratando / asistiendo a las mismas empresas o cursos a los que criticamos por su bajo nivel? ¿Hay una verdadera diferencia, un antes y un después de una acción formativa para las múltiples dimensiones de la vida de una persona: personal, profesional y social? ¿Seguimos escogiendo planes o acciones formativas determinadas porque “es lo que siempre hemos hecho”? ¿Tenemos claro cómo evaluar al formador y al contenido del programa? ¿Podemos aplicar fácil y rápidamente todo aquello que hemos aprendido?

Se estarán preguntando qué fue lo que respondí a la pregunta inicial. Simplemente dije la verdad: “No hay secreto. Simplemente enseñamos de la misma forma en que quisiéramos que nos enseñaran a nosotros”…